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MURAL MEMORIAS DEL PERIODISMO
Legado de la IX Cumbre /
LA SEPTIÉN Y LA DIRECTORA ANALLETZIN
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Por ELVIA ANDRADE BARAJAS
3ª parte
CIUDAD DE MÉXICO, ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, 27 de mayo de 2026.— Pasaron los años. Cuarenta y ocho, para ser exactos.
La presencia arrasadora de Internet y las redes sociales me obligó a actualizarme, así que regresé a la Carlos Septién García.
Reencontrarme con el pasado fue un shock estimulante.
Volver a la misma aula donde estudié en mi juventud —y donde inventé mi entrevista a Scherer— me llenó de recuerdos y de risas. Por primera vez me sentí satisfecha y sin miedo de ser sorprendida en mi mentira. Ahí decidí que ya era tiempo de soltar el secreto.
Me pareció verme joven entre las bancas, con aquella inquietud e incertidumbre sobre lo que sería mi vida profesional. Entonces pude decirle a mi yo de 18 años que lo había logrado. No al nivel de Scherer, que fundó Proceso y escribió tantos libros, pero sí lo suficiente para honrar mi perseverancia.
Trabajé en Excélsior como reportera de Asuntos Especiales, columnista y Editora de la Sección Metropolitana. También estuve 17 años en El Universal, como corresponsal y luego reportera de Asuntos Especiales.
La huella que siempre he seguido es la de Scherer.Él es mi ídolo en el periodismo, como Morelos lo es en la política, con su inigualable legado de Los Sentimientos de la Nación, ese texto que sigue marcando el rumbo ético de México.
Volver a esa aula fue como cerrar un ciclo: la niña que inventó una entrevista y la mujer que construyó una carrera se encontraron por fin. Y pude decirme, sin pena y sin miedo: lo logré, aunque aún falta camino.
El tiempo no solo me transformó a mí, sino también al periodismo y a la Septién.
Mi entonces director, Alejandro Avilés —siempre presente, amable y dispuesto a escuchar— ahora está en el Auditorio… pero en un busto de bronce.
Y al profesor Miranda, como siempre, me lo topé de sorpresa: esta vez en un cuadro. Lo saludé como acostumbraba:
—Hola, profe.
Y me pareció escucharlo responder, con esa voz imponente que casi siempre me decía:
—¡Andrade, otra vez sin pluma! Recuerde: un periodista sin pluma es como un soldado sin fusil.
La prestigiada escuela creció, pero hacia arriba: dos pisos más.
Todas sus paredes están tapizadas de fotografías de exalumnos que hoy están en todos los medios: televisión, radio, prensa, Internet e incluso en cargos públicos.
Es como caminar por un mural vivo del periodismo mexicano.
Otro cambio revolucionario fue el nombramiento de una mujer como directora general: Analletzin Díaz Alcalá, recientemente confirmada para un nuevo periodo.
Fui a presentarme como alumna en actualización, más por curiosidad que por necesidad.
En nuestra primera plática me encantó su dinamismo, su humanismo y su profesionalismo.
Me impactó cuando dijo que todos los periodistas deben actualizarse en las nuevas herramientas tecnológicas, incluidas las redes sociales, pero que muchos no lo hacen por falta de humildad.
—Creen que son perfectos —dijo—, y ese es el inicio de la imperfección.
Le respondí sin pensarlo:
—Dígalo, maestra. Publíquelo. Que lo sepan.
—No, me van a odiar. Hay tanta soberbia que no lo aceptarían.
Insistí:
—No importa, profesora. ¡Que la odien! Pero dígalo por el bien del periodismo.
Un año después, mientras tomaba el curso de Locución y Programación de Radio, volví a visitarla.
Ya no como alumna, sino como organizadora de la IX Cumbre Internacional de Periodismo CONAPE Ciudad de México 2026.
La invité como ponente magistral para hablar precisamente de la soberbia en el gremio.
Aceptó sin titubear.
El 3 de mayo de 2026, cuando se inauguró la Cumbre en el Museo Memoria y Tolerancia, me sentí profundamente satisfecha al verla en el escenario.
Su voz firme, pausada, sin miedo, enumeró los grandes errores en los que han caído muchos comunicadores, especialmente ese de creer que, por entrevistar a un político, empresario o artista, ya son sus amigos.
La maestra fue contundente:
—No son sus amigos. Son sus entrevistados. No se confundan. Un periodista es un guardián del buen desempeño y del buen gobierno de estos. Ustedes tienen una misión, un compromiso social muy importante. No lo olviden. No se dejen impresionar por el poder: ustedes deben ser un termómetro para que este no se exceda.
Su valentía para recordarles su misión a quienes a veces se sienten todopoderosos fue lo que me impulsó a incluirla en el Mural Memorias del Periodismo, junto con la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, muy cerca de Scherer y José Manuel Nava.
Una trilogía de conciencia, ética y valentía.
Un día después de dictar su ponencia Unidad y Humildad, la maestra Analletzin recibió a los periodistas internacionales que participaron en la IX Cumbre Internacional de Periodismo CONAPE Ciudad de México 2026.
Me sorprendió verla esperándonos en la puerta de la escuela. Fue una gran anfitriona, y la admiré aún más cuando se sentó en el podio para estar a la altura de la colega de Matamoros, Nora Sandoval, quien usa un andador con asiento para apoyarse al caminar, le pidió una entrevista.
También me sorprendió que, en el estrado, el reconocido periodista mexicano Rafael Loret de Mola, al entregar algunos reconocimientos, vio el que tenía su nombre y lo abrazó como niño pequeño:
—Este tiene mi nombre… está muy bonito. Me lo quedo.
No quiso soltarlo ni para que lo firmara la maestra Analletzin, como lo hizo con el resto, que se entregarían en la Cena de Gala al día siguiente. |
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